viernes, 24 de septiembre de 2010

Deseo contenido

La asfixiante rutina se ha vuelto a romper.
La inocente charla se transformó en un compromiso para salir, con etiqueta blanca de inocencia pero deseando se tornara de un rojo intenso.
Incrédulo, como siempre, dejé llegar la fecha sin pena ni gloria.
Sigue en pie la propuesta?, me preguntaron, mi mente comenzó a elaborar retorcidas ideas sobre lo que podría llegar a suceder esa noche, las expectativas crecieron, la imaginación se desbordó y mi deseo creció.
Las 9:00 PM, es tiempo.
¿Dondé está?... Hola ¿Como estas?, ¿Estás lista?, no te veo por ningún lado.
Me equivoqué de calle, maldita ansiedad que me ciega.
La recepción es fria, congela mis ánimos y no se como leerlo, se comporta distante, ajena y nerviosa, se arrepintió tal vez.
El trayecto en el auto se vuelve incómodo, charla trivial: el tráfico, el trabajo, el clima. Evade la mirada, no mantiene contacto visual, ve sin ver por la ventanilla como buscando algo sin voluntad.
Finalmente llegamos.
El lugar, como cualquier otro de la ciudad, desangelado y simple.
Por fin entramos y mi nerviosismo crece, la incertidumbre devora sin miramientos mis entrañas.
¿Qué va ha pasar?, ¿Qué puede pasar?, ¿Qué quiero que pase?, mi deseo se multiplica desorbitantemente y ... Nada pasó.
El espectáculo de dos horas se convirtió en una maldita tortura: su cercania, el calor de su cuerpo, los inocentes roces, mis miradas furtivas, sus pequeños senos... Mi deseo contenido.

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