El día
llegó, esa hora fatal en la que dos seres unidos por un vínculo invisible y
prohibido, tenía que romperse.
A pesar
de saber que esto pasaría tarde o temprano, su inminencia me sorprendió.
Ha dejado
un torbellino de emociones encontradas: la certidumbre impasible de que era
inevitable, pero también un insoportable dolor y una tristeza profunda ahora
que sucedió.
Muy
dentro de mi esperaba que esto no pasara, no tan pronto.
El vacío
de su presencia me reclama constante: no ahora, aún no…
Faltan
muchas cosas por vivir, muchas risas que compartir, conversar durante horas por
el puro placer de estar juntos, de compartir espacios y alegrías, sueños,
ilusiones, desencuentros y tristezas.
Una serie
de desafortunados hechos nos han llevado a la hora actual, la tristeza y
soledad que ella creía pasajera, decidió quedarse, esconderse en el más obscuro
rincón de su conciencia, acechándola, esperando el momento oportuno para atacar
y establecerse en su alma.
No hice
nada para evitarla, no fui capaz de detectarla, destruirla para siempre,
arrancarla de un tirón!.
La falsa
idea de que estaría siempre ahí me cegó, no supe apreciar lo importante que su
presencia en mi vida era. Imprescindible ahora lo sé.
La
discusión de siempre, los mismos argumentos, las mismas excusas, la trillada
conclusión.
La
insistencia en hablar, mis oídos ensordecidos por la rabia y desencanto no me
dejaron escucharla.
El dolor
nublando nuestro juicio, diluyendo sentimientos.
Se cansó
de intentarlo y claudicó, desaparece, se vuelve inalcanzable.
No quiere
saber más y se entrega libremente a la vacía convivencia con extraños que
parecen amigos.
No quiere
pensar, no quiere sentir, quiere embotar sus sentidos y dejarse llevar.
La
madrugada la sorprende en la calle, con una incertidumbre que la inunda y un
vacío que incomoda.
Esta es
la versión de la historia creada por mi, endulzada por el deseo de estar
con ella otra vez.
La
realidad nunca la sabré.
Pero no
importa ya.
Mi rabia
se ha transformado en soledad y mi orgullo en tristeza...me siento incapaz de
seguir.
Me hace
falta ella, su aliento, la forma en que lograba infundirme coraje para vencer
lo que fuera.
Su
vehemente entusiasmo, su alegría contagiosa, su inagotable optimismo.
Su
embriagante perfume, el sabor de su piel…
Llegó a
mi vida para brindarme aire fresco, renovarme, reinventarme.
Todo se
perdió, no puedo hacer más.
Se ha ido
y algo dentro se rompió, para siempre.
El
silencio pesa más de lo habitual.
Su
presencia ausente, tan cerca, tan lejos, inalcanzable, imposible.
Es mejor
así, me repito incesantemente, es lo mejor para ella, lo sé.
Mi mente
lo cree a pie juntillas, mi corazón responde: maldición no es verdad!.
La
tristeza se profundiza y el dolor no se va.
Llegó el
fin de algo hermoso, así será...
Hasta
siempre.