lunes, 4 de marzo de 2013

El Fin


El día llegó, esa hora fatal en la que dos seres unidos por un vínculo invisible y prohibido, tenía que romperse.

A pesar de saber que esto pasaría tarde o temprano, su inminencia me sorprendió.
Ha dejado un torbellino de emociones encontradas: la certidumbre impasible de que era inevitable, pero también un insoportable dolor y una tristeza profunda ahora que sucedió.

Muy dentro de mi esperaba que esto no pasara, no tan pronto.
El vacío de su presencia me reclama constante: no ahora, aún no…
Faltan muchas cosas por vivir, muchas risas que compartir, conversar durante horas por el puro placer de estar juntos, de compartir espacios y alegrías, sueños, ilusiones, desencuentros y tristezas.

Una serie de desafortunados hechos nos han llevado a la hora actual, la tristeza y soledad que ella creía pasajera, decidió quedarse, esconderse en el más obscuro rincón de su conciencia, acechándola, esperando el momento oportuno para atacar y establecerse en su alma.
No hice nada para evitarla, no fui capaz de detectarla, destruirla para siempre, arrancarla de un tirón!.
La falsa idea de que estaría siempre ahí me cegó, no supe apreciar lo importante que su presencia en mi vida era. Imprescindible ahora lo sé.

La discusión de siempre, los mismos argumentos, las mismas excusas, la trillada conclusión.
La insistencia en hablar, mis oídos ensordecidos por la rabia y desencanto no me dejaron escucharla.
El dolor nublando nuestro juicio, diluyendo sentimientos.

Se cansó de intentarlo y claudicó, desaparece, se vuelve inalcanzable.
No quiere saber más y se entrega libremente a la vacía convivencia con extraños que parecen amigos.
No quiere pensar, no quiere sentir, quiere embotar sus sentidos y dejarse llevar.
La madrugada la sorprende en la calle, con una incertidumbre que la inunda y un vacío que incomoda.
Esta es la  versión de la historia creada por mi, endulzada por el deseo de estar con ella otra vez.
La realidad nunca la sabré.
Pero no importa ya.
Mi rabia se ha transformado en soledad y mi orgullo en tristeza...me siento incapaz de seguir.

Me hace falta ella, su aliento, la forma en que lograba infundirme coraje para vencer lo que fuera.
Su vehemente entusiasmo, su alegría contagiosa, su inagotable optimismo.
Su embriagante perfume, el sabor de su piel…

Llegó a mi vida para brindarme aire fresco, renovarme, reinventarme.
Todo se perdió, no puedo hacer más.
Se ha ido y algo dentro se rompió, para siempre.

El silencio pesa más de lo habitual. 
Su presencia ausente, tan cerca, tan lejos, inalcanzable, imposible.
Es mejor así, me repito incesantemente, es lo mejor para ella, lo sé.
Mi mente lo cree a pie juntillas, mi corazón responde: maldición no es verdad!.
La tristeza se profundiza y el dolor no se va.
Llegó el fin de algo hermoso, así será...


Hasta siempre.