Anoche, una vez más, fuí en busca de la fácil, pero efímera, quimera de la felicidad comprada, tratando de embotar mis sentidos con falsas caricias, aquellas que se obtienen cuando el dinero, la necesidad y el deseo se encuentran.
El encuentro con ella, objeto de mis deseos actuales, siguió el curso normal: ¿Se encuentra X? ¿Puede llevarla a mi mesa?.
Pronto la tenía frente a mi... junto a mi... dentro de mi.
Su cuerpo me abruma y su perfume comienza el lento proceso de hechizarme, de bajarme la guardía y eliminar mi natural desconfianza. Forcejeo y la racionalidad pelea a muerte con mi líbido, batalla perdida de antemano, el campo estaba minado con mis carencias e inseguridades. Con la razón muerta, mi cuerpo reacciona a sus caricias, la rodeo con mis brazos y aspiro con fuerza el olor de su piel en la nuca, en su pelo, en sus hombros... uno más de mis sentidos enloquece y mis ojos me regalan la vista del nacimiento de sus senos, turgentes y pequeños. Mi vista se nubla y no puedo resistir más el deseo de tenerla. Ella lo sabe, me tiene, puede hacer de mi lo que quiera... o nada si le place.
sábado, 14 de noviembre de 2009
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